Había una vez, en un tiempo muy, muy lejano, un hombre llamado Noé. Noé era un hombre muy sabio y bondadoso que vivía en un gran arca, un barco enorme que había construido con mucho amor. Pero ¿sabes qué? ¡Noé tenía 600 años! ¡Eso es un montón de años!
Un día, el cielo se oscureció y comenzó a llover. ¡Oh, cómo llovió! Era como si las ventanas del cielo se hubieran abierto de golpe. Las gotas de lluvia caían y caían, ¡y no paraban! Llovió durante cuarenta días y cuarenta noches. ¡Menuda aventura!
Mientras tanto, Noé estaba a salvo dentro de su arca, rodeado de su familia y de muchos animales. Había leones, elefantes, aves de colores y hasta una tortuga muy lenta. Todos estaban juntos, pero Noé no podía ver hacia afuera porque la ventana del arca estaba cerrada.
Un día, Noé tuvo una idea. Decidió enviar a una paloma para ver qué pasaba afuera. "¡Ve, pequeña paloma, y cuéntame si hay tierra!", le dijo Noé. La paloma voló y voló, y después de un rato regresó con algo en su pico. ¡Era una hoja de olivo!
"Noé, mira, la paloma trajo una hoja", gritó su familia con alegría. Noé sonrió porque eso significaba que la tierra se estaba secando.
Entonces, Dios llamó a Noé y le dijo: "Saca a tu familia y a los animales". Con mucha emoción, Noé abrió la puerta del arca. ¡Por fin podían salir! Después de más de un año viviendo en el arca, todos estaban listos para explorar el mundo nuevamente.
Al salir, vieron un hermoso arcoíris en el cielo. Era un regalo especial que Dios les había dado. Noé miró a su familia y a los animales y dijo: "¡Estamos juntos de nuevo en la tierra! ¡Vamos a cuidar de ella!"
Y así, Noé y todos sus amigos comenzaron una nueva aventura en un mundo lleno de colores y alegría. Desde ese día, siempre recordaron lo importante que es cuidar de la naturaleza y vivir en armonía.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
