Había una vez un día muy caluroso bajo los grandes árboles de un lugar llamado Mamre. Abraham, un hombre muy bueno, estaba sentado en la sombra cerca de su casa. De repente, vio que Dios y dos ángeles estaban allí, cerca de él. Parecían hombres, pero eran muy especiales.
Abraham se puso contento y corrió a prepararles comida. Mientras cocinaba, Dios le preguntó:
—¿Dónde está tu esposa?
Abraham dijo:
—Ella está en la casa.
Entonces Dios dijo algo muy sorprendente:
—Ella pronto tendrá un bebé.
Sara, la esposa de Abraham, escuchó lo que se decía y se rió. Ella pensó:
—¡Pero si yo ya soy muy viejita! ¿Cómo voy a tener un bebé?
Dios sonrió y le dijo:
—No te rías, Sara. Para mí nada es difícil. Cuando llegue el momento, tendrás un bebé muy especial.
Y así, Sara aprendió que con fe y paciencia, los milagros pueden pasar.
Fin
