Hace mucho, mucho tiempo, todas las personas hablaban el mismo idioma. ¡Qué fácil era! Vivían en una tierra soleada y todo era paz. Si alguien necesitaba ayuda para buscar una naranja o un juguete de arcilla, solo tenía que pedirlo.
El líder, un constructor llamado Barra, tuvo una gran idea. “¡Construyamos una torre tan alta,” dijo, “que toque las nubes! ¡Así nunca nos separaremos y seremos famosos para siempre!”
Todos estaban emocionados. La torre debía ser la cosa más grande que jamás se hubiera visto. Juntaron ladrillos de todos los colores: rojo, azul, verde. Bloques cuadrados y redondos de arcilla se preparaban para subir.
Día tras día, ¡Subían y Subían! La torre crecía y crecía, como una larga serpiente de arcilla hacia el cielo. Los constructores, que antes trabajaban felices en el suelo, ahora solo miraban hacia arriba.
Arcilla, que estaba en la base, miró hacia arriba con el cuello estirado. “Barra,” preguntó a susurros, “¿No es el cielo hermoso tal como es? ¿Realmente necesitamos intentar esconderlo?”
Pero Barra solo miraba más y más arriba. Él y los demás constructores se sintieron tan grandes y poderosos que se olvidaron de lo que realmente importaba: trabajar juntos y obedecer a Dios. Solo se enfocaban en ser los “más altos”.
De repente, algo extraño sucedió. Cuando Barra dijo: “¡Pásame el cemento!” El ayudante de plastilina le dio una cuerda. ¡Y no entendía por qué! "¡No, dije cemento!"
Cuando Arcilla pidió ‘Agua’ a un nuevo constructor, la gente le trajo ‘Piedra’. Si alguien pedía ‘Comida’, ¡obtenían ‘madera’! Las palabras se habían mezclado como colores de plastilina sin orden.
Nadie podía entender al otro. El trabajo se detuvo por completo. Era imposible construir juntos sin poder comunicarse. La torre quedó incompleta y triste, justo donde el cielo comenzaba a verse.
Así, la gente se separó. Viajaron por el mundo, y en cada nuevo lugar, aprendieron a hablar diferente, creando nuevas lenguas y hermosas culturas. Y aprendieron que es mucho más divertido ver el cielo y el mundo entero con humildad y tener a Dios. Que hacer las cosas sin Dios!
Busquemos la dirección de Dios para todo, en nuestra vida.










