Érase una vez, en una ciudad llamada Sodoma, vivía un hombre bueno llamado Lot con su esposa y sus dos hijas. La ciudad, sin embargo, no era buena. La gente se portaba muy mal, y Dios estaba muy triste por ello.
Un día, dos ángeles brillantes como estrellas llegaron a casa de Lot. Le dijeron que Dios iba a destruir Sodoma, pero que él y su familia eran buenas personas y debían escapar. "¡Corran y no miren hacia atrás!", les advirtieron los ángeles con voces suaves pero firmes, mientras el sol comenzaba a pintar el cielo de colores naranjas y rosas. La esposa de Lot abrazó a sus pequeñas hijas, sintiendo un vuelco en su corazón.

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