Había una vez, en un hermoso palacio rodeado de jardines llenos de flores y risas, un niño llamado Mefiboset. Era un niño lleno de vida, con sueños tan grandes como el cielo. Su padre, el valiente príncipe Jonatán, y su abuelo, el rey Saúl, lo amaban mucho. Juntos pasaban los días corriendo y jugando, imaginando aventuras en tierras lejanas. Pero un día, algo terrible sucedió. Mefiboset recibió la noticia de que su padre y su abuelo habían partido a una batalla y no regresarían. En medio del miedo y la confusión, la niñera lo tomó en brazos para escapar. Pero mientras corrían, Mefiboset se cayó y se lastimó los pies. Desde ese momento, ya no pudo caminar. Su corazón se llenó de tristeza, y su mundo se volvió gris. Mefiboset se mudó a un lugar llamado Lodebar, un sitio triste y seco donde los días parecían eternos. Allí, lejos del palacio y de sus risas, sentía que la alegría lo había abandonado. Pasaba sus días mirando al horizonte, preguntándose si alguna vez volvería a ser amado. Los...
